domingo, 4 de octubre de 2015

EL RACISMO SE CURA MURIENDO

Don Miguel de Unamuno no era tan drástico y afirmaba que el racismo se curaba viajando. Desafortunadamente o afortunadamente la muerte nos hace eternamente iguales. ¿Demasiados "mente"? Más bien lo contrario.
Los europeos estamos protagonizando el mayor desafío solidario y a la vez insolidario de este adolescente siglo XXI. Se nos brinda la oportunidad (a la fuerza ahogan) de acoger, mantener y en la medida de lo posible insertar a miles de personas que poco o nada tienen en común con la vieja cultura europea. Tampoco un noruego de Troms se parece demasiado a un cazurro y nos consideramos casi colegas al amparo de doce estrellas que sondean en nuestros edificios oficiales.
A primera vista los españoles no podemos considerarnos racistas: aunque fuera a golpe de espada ropera, por nuestras venas corre sangre de todas las culturas que invadieron la Península y de civilizaciones que conquistamos.
Ahora cambiamos las espadas por convenios y cupos, como si se tratara de ganado, para acoger bajo el cielo europeo a inmigrantes legales o ilegales, refugiados políticos y apolíticos. Podemos decir que existe una mayor organización política pero la misma desorganización social de siglos pasados.
Ayudar a los que nos han ayudado es relativamente fácil, pero ayudar a los que nada han hecho por nosotros es un poco más complicado. Hemos de tirar de solidaridad y en estos tiempos de crisis, el fardo solidario de los españoles está en mínimos históricos. Pero aún escaso, semos (quise decir somos) el pueblo más solidario de la Unión y lo demostramos día a día y lo seguiremos demostrando en días venideros aunque no estemos tan viajamos como los nórdicos o los británicos.

 

GEOLOCALIZACIÓN

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