viernes, 4 de marzo de 2016

Profesores y alumnos: luchad contra el acoso escolar


Esta viejuna pared del Colegio Público Las Anejas de León alberga en su maltrecha pared un mensaje evocador: “profesores y alumnos: luchad contra el acoso escolar” (Esta está pintada parcialmente reconstruida digitalmente para que el lector pudiera leerla con facilidad).
Posiblemente sea este uno de los temas más sensibles y espinosos que planean en nuestras escuelas e institutos. Sus consecuencias son imprevisibles ya que estamos hablando de niños y adolescentes. Todos hemos visto y oído en los medios de comunicación como hay alumnos que ponen fin a su vida por no soportar la presión a la que se encuentran sometidos. En el ámbito escolar, la convivencia se erige como una de las mayores preocupaciones del profesorado y las familias y exige una respuesta adecuada, proporcional y rápida por parte de todos los miembros de la comunidad educativa. Y esta comunidad la forman profesores, alumnos y sus familias. Todos han de luchar conjuntamente contra al acoso escolar. Poco se podrá hacer si las familias de los presuntamente acosados y acosadores no colaboran con el centro educativo y su alumnado. 
En la mayoría de los casos de acoso escolar concurren dos circunstancias antagónicas:
Por un lado, la dificultad que tiene el profesorado para detectar acciones o actitudes en sus alumnos que le lleven a identificar indicios de acoso. Y por otro lado, las familias identifican cualquier indicio como acoso escolar hacia su hijo o hija. Es decir, al profesorado casi nada le parece lo suficientemente importante como para hablar de acoso entre sus alumnos y a las familias casi todo le parece lo suficientemente importante para hablar de acoso entre sus hijos. Y a menudo nos olvidamos de lo más importante: el derecho de los alumnos a ser respetados y protegidos especialmente en el ámbito escolar y este supra derecho escolar e infantil engloba al alumno acosado como el acosador o acosadores.
La mayor dificultad del acoso escolar es identificarlo. Qué acciones y hechos nos llevan a calificar que un alumno se enfrenta a acoso escolar por parte de uno o varios compañeros. La Junta de Castilla y León define el acoso escolar como “la situación de intimidación entre alumnos en la que la víctima sufre por parte de los agresores daños físicos y/o psicológicos, los cuales se caracterizan por la intencionalidad y reiteración en el tiempo. Podemos observar en esta definición de acoso escolar las dos claves definitorias de acoso: intencionalidad y sobre todo reiteración en el tiempo pasado y presente. 
Años atrás, el acoso escolar se situaba en exclusiva en los centros educativos durante las cinco o seis horas en la que los alumnos compartían espacios. En la actualidad, con la utilización de aparatos digitales en la que siempre están conectados e interactúan en las redes sociales, un alumno puede sufrir acoso las 24 horas del día y los siete días de la semana. Deberíamos hablar de acoso entre escolares ya que cada vez es más frecuente situaciones de acoso fuera del horario escolar. Y esto es lo que exalta al acoso a uno de los mayores problemas escolares y sociales e implementa la gravedad a límites hasta ahora desconocidos.
Y cuando se identifica un caso de acoso escolar: ¿Qué hacemos, qué debemos hacer? Más allá de los protocolos que colegios e institutos tengan establecidos, hay una medicina infalible que soluciona rápida y eficazmente cualquier situación de acoso: la empatía. Profesores que se ponen en el lugar de padres y madres con hijos acosados y/o acosadores; alumnos acosadores que se ponen en el lugar del alumno que sufre acoso; y padres y madres que se ponen en la piel de la otra familia. La empatía es la única medicina capaz de solucionar la mayoría de los casos de acoso escolar y social. El problema surge cuando una de las partes (especialmente el agresor) no quiere o no es capaz de ponerse en la situación del otro. Y esto cada vez es más frecuente debido a la súper protección familiar y escolar que los niños gozan de instituciones y familias.

GEOLOCALIZACIÓN

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