domingo, 1 de mayo de 2016

ME CAGO EN TU PUTA MADRE


Uf, se me hace difícil comenzar a escribir ante un mensaje así. Probablemente este sea uno de los insultos más ofensivos que podemos "regalar" a otra persona con el afán de afrentarle. Aunque bien dice el refrán que "no insulta quien quiere sino quien puede".
Las madres siempre suelen estar presentes en lo mejor y peor de nuestras vidas. ¡Nunca fallan! Sin duda, son las personas más importantes y condicionantes de nuestra personalidad. Los consejos de una madre se tornan como propios a medida que peinamos canas y ese "ya lo decía mi madre" se hace cada día más repetitivo en nuestras conjeturas y aseveraciones.
No hace mucho, llegó a mi WhatsApp uno de esos efímeros e incordiantes mensajes grupales en los que se podía leer la afirmación de un padre diciendo: "ya no hay madres como las de antes: no saben coser, ni cocinar, ni planchar, ni nada..." A lo que responde una madre: "entonces igual que los padres que nunca han sabido hacer nada de eso". Desde luego, el feroz machismo insertado en los corazones de nuestra cultura ha marcado la educación de tantas generaciones que los progresos en este sentido son minúsculos y damos por hecho que una madre tiene que saber hacer de todo y asimilamos como normal que un padre apenas sepa conjuntar la ropa matinal de nuestros hijos escolares.
Me atrevería a decir que en general, las mamás de hoy, son mucho más que las de antes y los papas seguimos siendo pequeños apoyos cotidianos en el quehacer familiar en cualquier dirección en la queramos dirigirnos. Cuando falta una madre, la familia se resquebraja  tan fácilmente que pocos padres son capaces de disimular la ausencia materna ocupando ambas funcionalidades.
Si vuelves a fijarte en la foto de la pintada e imaginas quien pudiera haber escrito semejante abrupto seguro que ves a un varón, sea de la edad que sea. Apuesto que nadie de los que han conseguido llegar hasta el final de este pequeño artículo se han imaginado a una mujer trazando las letras de este mensaje callejero en plena calle.
Sin embargo si el mensaje fuera: "me cago en tu padre". La cosa seguramente cambiaría... ¿Porqué? Eso se llama cultura social y es debido al machismo imperante en todos los rincones de nuestra sociedad.

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